domingo, 8 de abril de 2007

Aventura Épica

Ayer desde luego fue un idea intenso.

El hombre gris vino, me dijo hola, estuvo conmigo medio día y luego se fue, la culpa de su visita la tuvo la Reina Blanca del Norte que con su hechizo le despertó.

Mientras estuvo conmigo el hombre gris, el cielo estaba cubierto, el Sol se tapó y ninguno de sus rayos escapaban al influjo de las nubes grises desplegadas por la reina blanca del norte.

En ese momento casi las sombras se apoderan de mí y me condenan en la eternidad de los sueños, menos mal que afortunadamente no fue así. Porque caer condenado en el mundo de la oscuridad de las sombras, es vivir con un peso en el corazón que arrastra el alma conviertiendote en un ser errante, sin nada que ofrecer y sin nada que poder recibir; es morir en vida o vivir muriendo, y llego a ese estado,nada nada nada, te puede sacar de él.

Y no ocurrió esto, porque el Noble Caballero de la Orden del Sur, supo con su nobleza, lanzar un rayo de esperanza y confesión al cielo, que logro destaparlo y aclararlo, para que ya, siendo de noche, fuera la luna la que se mostrará en lo más alto junto a las estrellas, y el Sol, que desde el otro lado del hemisferio guiñaba un ojo, porque sabía que al dia siguiente podría brillar igual que siempre.

Digno es de reconocer, que si el Caballero de la Orden del Sur destacó por su nobleza, la Reina Blanca del Norte derrochó indulgencia, por lo que la noche fue testigo de la celebración, y de la unión de tan dos grandes virtudes, y personas.

Moraleja: No hay mal que cien años dure ni persona que lo aguante

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